Boca Juniors no sabe cerrar los partidos y Arruabarrena agrava el problema

Boca Juniors no sabe cerrar los partidos. Lanús, Vélez y Gimnasia exponen un problema que los cambios de Arruabarrena profundizaron.

Arrubarrena enojado

Boca Juniors dejó escapar la victoria ante Gimnasia de Mendoza en el minuto 93 y volvió a exponer sus dificultades para cerrar los partidos.

Boca Juniors no sabe cerrar los partidos. El empate 2-2 frente a Gimnasia de Mendoza no fue solamente producto de una desconcentración en el minuto 93: confirmó una tendencia peligrosa. Por tercer encuentro consecutivo, el equipo de Rodolfo Arruabarrena dejó su resultado expuesto hasta la última pelota.

Ante Lanús sobrevivió gracias a Álvaro Montero y terminó ganando de manera agónica. Contra Vélez estuvo a un penal de quedar eliminado de la Copa Argentina. En Mendoza ya no pudo escapar: Esteban Fernández aprovechó una defensa desordenada y convirtió el empate definitivo en tiempo añadido.

El problema no consiste únicamente en recibir ataques sobre el cierre. Boca está confundiendo resistir con controlar y, frente a Gimnasia, los cambios de Arruabarrena profundizaron esa diferencia.

Tres partidos consecutivos jugando con fuego

Los últimos resultados pueden esconder el problema. Boca venció a Lanús, eliminó a Vélez y sumó como visitante ante uno de los mejores equipos de la Zona A. Sin embargo, la forma en la que terminó esos encuentros debería encender las alarmas.

PartidoQué ocurrió sobre el finalConsecuencia
Boca Juniors 1-0 LanúsMontero evitó el gol de Allan Wlk en el minuto 93. En la siguiente jugada marcó Tomás BelmonteBoca ganó con la última pelota
Boca Juniors 0-0 VélezDilan Godoy ejecutó un penal en el minuto 90 y estrelló la pelota en el posteBoca sobrevivió y avanzó 4-3 en la tanda
Gimnasia de Mendoza 2-2 Boca JuniorsEsteban Fernández convirtió en el minuto 93 tras un centro de Facundo LencioniBoca perdió dos puntos

Conviene precisar lo sucedido ante Vélez: Montero no atajó el penal cobrado durante el partido. Godoy remató al poste mientras el arquero se lanzó hacia el otro lado. El colombiano sí fue determinante posteriormente al detener dos ejecuciones en la definición.

Son tres desenlaces distintos, pero comparten una misma señal. Boca llegó a la última acción sin haber neutralizado al rival y dependiendo de una atajada, un poste o un despeje para conservar el resultado.

Boca Juniors no sabe cerrar los partidos con la pelota

Cerrar un partido no significa acumular defensores dentro del área. También supone conservar la pelota, sacar al equipo de su campo, provocar faltas lejos del arco propio y mantener una amenaza que obligue al rival a protegerse.

Boca hizo muy poco de eso durante el segundo tiempo en Mendoza. Gimnasia terminó con el 59 % de la posesión y siete remates a puerta, mientras que el Xeneize registró el 41 % y seis. Los goles esperados también reflejaron un encuentro equilibrado: 1,80 para el local y 1,78 para el visitante.

El conjunto mendocino comenzó a empujar desde el arranque del complemento. Álvaro Montero intervino ante Luciano Cingolani y Esteban Fernández encontró espacios cerca del área. Por eso sería incorrecto afirmar que la retirada comenzó exclusivamente con las sustituciones. Boca ya estaba jugando demasiado cerca de su arquero.

La responsabilidad de Arruabarrena aparece porque sus decisiones no corrigieron esa tendencia. Por el contrario, terminaron acentuándola.

Los cambios de Arruabarrena quitaron las principales salidas

El primer cambio llegó a los 59 minutos, cuando Carlos Palacios reemplazó a Alan Velasco. El exjugador de Independiente había marcado el 1-0 y también había estrellado un remate en el poste. Era el futbolista con mayor capacidad para conducir una contra y aprovechar los espacios dejados por Gimnasia.

Palacios podía ofrecer pausa y manejo, pero nunca consiguió que Boca recuperara el control. Con Velasco afuera, el equipo perdió velocidad para castigar a una defensa local cada vez más adelantada.

A los 68 minutos ingresaron Facundo Herrera y Lautaro Blanco por Marco Pellegrino y Matías Satas. Fueron modificaciones comprensibles por el desgaste y la necesidad de refrescar la defensa, aunque tampoco cambiaron el desarrollo.

La decisión más discutible llegó a los 78. Williams Alarcón sustituyó a Tomás Belmonte y Lautaro Di Lollo reemplazó a Kevin Zenón. Arruabarrena cambió simultáneamente a dos mediocampistas por un volante de contención y un defensor central.

Zenón no solo había marcado el segundo gol. También representaba una posibilidad de traslado y pase vertical. Belmonte, por su parte, ayudaba en los despejes y podía sostener físicamente las transiciones. Retirar a ambos redujo las opciones de Boca para salir.

La incorporación de Di Lollo por Zenón envió un mensaje táctico evidente: la prioridad pasó a ser proteger el área. El problema fue que el equipo quedó preparado para rechazar, pero no para recuperar y conservar la pelota.

El gol anulado fue una advertencia que Boca no interpretó

Antes de los últimos cambios, Ignacio Sabatini ya había convertido el empate. El VAR anuló el gol por una posición adelantada muy ajustada después de una revisión extensa.

Boca recibió entonces una advertencia contundente. Gimnasia había conseguido entrar por los costados, llevar la pelota al área y encontrar a un atacante en posición de definición. El equipo necesitaba recuperar metros y modificar el desarrollo.

La respuesta terminó siendo sumar un defensor y retirar a uno de los jugadores capaces de lanzar una contra. El Xeneize tuvo posteriormente una oportunidad aislada de Leonel Flores y consiguió un par de córners, pero nunca volvió a controlar el encuentro.

Enner Valencia tampoco logró convertirse en una salida confiable. El delantero permaneció en el campo, pero le costó retener la pelota, ganar duelos y permitir que sus compañeros avanzaran. Sin Velasco y Zenón, Boca quedó con muy pocas herramientas para alejar el juego de Montero.

El empate no fue una casualidad

El gol de Esteban Fernández llegó en el minuto 93, después de un centro de Facundo Lencioni y de otro intento fallido de la defensa por terminar la jugada. Fernández recibió dentro del área y sacó el remate que estableció el 2-2.

La acción tuvo errores individuales, pero fue también la consecuencia de un contexto. Gimnasia llevaba varios minutos jugando en campo contrario, enviando centros y obligando a Boca a defender cada vez más cerca de su arco.

Cuando un equipo concede tantas aproximaciones, aumenta la posibilidad de que aparezca un rebote, una marca perdida o un despeje defectuoso. Boca apostó a sobrevivir y esta vez no contó con la atajada de Montero, el poste salvador o una decisión del VAR.

Un problema que excede a la defensa

Boca quedó con 11 puntos después de ocho fechas del Torneo Clausura. Su registro es de dos victorias, cinco empates y una derrota. La cantidad de igualdades también muestra las dificultades para transformar ventajas y buenos momentos en triunfos.

No se trata solamente de pedirles mayor concentración a los defensores. El problema empieza más adelante, cuando el equipo deja de presionar, pierde sus receptores y renuncia a jugar durante los minutos decisivos.

Arruabarrena administró el plantel pensando en la exigente seguidilla y en el próximo encuentro contra São Paulo por la Copa Sudamericana. La rotación inicial era entendible. Lo cuestionable fue la gestión del segundo tiempo y, especialmente, la forma en la que utilizó el banco cuando el partido exigía recuperar control.

El entrenador quiso cerrar el encuentro con mayor presencia defensiva, pero retiró a varios de los futbolistas que podían evitar que Gimnasia atacara permanentemente. El retroceso había comenzado antes de los cambios; las modificaciones no lo provocaron por sí solas, aunque tampoco lo detuvieron y terminaron profundizándolo.

Boca no puede afrontar cada final esperando una intervención extraordinaria de Montero. Mucho menos cuando se acercan eliminatorias internacionales en las que una última jugada puede definir una temporada. Aprender a cerrar los partidos ya no es un detalle: es una necesidad urgente.

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