La mala planificación de River destruyó el proyecto

River separó a 14 jugadores antes de completar el mercado y realizó parte de la pretemporada con solo 15 futbolistas de campo. Una planificación dirigencial que condicionó a Coudet y convirtió cada partido en una final.

Coudet river analisis

La dirigencia de River desarmó el plantel antes de completar las incorporaciones y dejó a Eduardo Coudet trabajando con un equipo incompleto durante la pretemporada.

La mala planificación de River no solamente explica el derrumbe deportivo del segundo semestre. También convirtió un proyecto que había llegado hasta la final del Torneo Apertura en un equipo obligado a competir bajo presión permanente, sin preparación colectiva y con la necesidad de ganar cada partido para evitar una crisis todavía mayor.

River perdió la final ante Belgrano el 24 de mayo. Cincuenta y cuatro días después reapareció oficialmente frente a Aldosivi por la Copa Argentina y cayó 3-1. Entre ambos encuentros hubo tiempo suficiente para recuperar al equipo y fortalecer el trabajo de Eduardo Coudet. Sin embargo, la dirigencia utilizó ese periodo para desarmar el plantel antes de tener preparada su reconstrucción.

La crisis que hoy amenaza el semestre no comenzó con una derrota, una lesión o una mala decisión táctica. Comenzó en los despachos.

La dirigencia confundió renovación con demolición

River probablemente necesitaba reducir su plantel y desprenderse de varios futbolistas que habían cumplido un ciclo. El problema no fue evaluar salidas, sino ejecutar todas al mismo tiempo y antes de cerrar las incorporaciones.

Stéfano Di Carlo anunció que alrededor de 15 jugadores abandonarían el club. Posteriormente, River separó a 14 futbolistas y los envió a entrenarse fuera del grupo principal. Entre los marginados aparecieron jugadores como Germán Pezzella, Fabricio Bustos, Matías Viña, Giuliano Galoppo, Kevin Castaño, Maximiliano Salas e Ian Subiabre.

Algunos podían no formar parte del proyecto definitivo, pero continuaban siendo futbolistas profesionales capaces de completar entrenamientos, generar competencia y ofrecer alternativas mientras llegaban sus reemplazantes. La dirigencia decidió prescindir de todos antes de contar con las incorporaciones necesarias.

La consecuencia fue tan absurda como reveladora: el mismo River que decidió sacar aproximadamente 15 jugadores terminó realizando parte de su pretemporada con solamente 15 futbolistas de campo.

La delegación en Alicante llegó a tener 19 integrantes, pero cuatro eran arqueros. Entre los 15 jugadores de campo había seis o siete juveniles y solamente un refuerzo, Mauro Arambarri. River no tenía suficientes profesionales para desarrollar normalmente un trabajo de once contra once.

Coudet no recibió un plantel preparado para iniciar un nuevo proyecto. Recibió una estructura incompleta, condicionada por un mercado que todavía no había resuelto las salidas ni concretado todas las llegadas.

El Mundial agravó la mala planificación de River

El Mundial de 2026 también afectó la preparación. Gonzalo Montiel, Nicolás Otamendi y Juan Fernando Quintero no estuvieron disponibles durante una parte importante del trabajo. Santiago Beltrán se incorporó posteriormente y otros mundialistas, como Matías Galarza Fonda, Kevin Castaño, Kendry Páez y Matías Viña, ya habían sido incluidos entre las posibles salidas.

El torneo internacional retrasó incorporaciones, impidió que Coudet trabajara con futbolistas importantes y provocó que algunos regresaran cuando el semestre estaba cerca de comenzar. Sin embargo, el Mundial no puede utilizarse como una excusa dirigencial.

River conocía desde hacía años las fechas del torneo y sabía qué integrantes del plantel podían ser convocados. Precisamente por eso debía conservar suficientes jugadores hasta que los mundialistas y los refuerzos estuvieran disponibles.

La dirigencia hizo lo contrario: apartó primero y salió después al mercado. En lugar de anticiparse a una dificultad previsible, la multiplicó.

Aldosivi fue la consecuencia y no el comienzo de la crisis

La derrota contra Aldosivi suele presentarse como el punto en el que River perdió el rumbo, pero en realidad fue el primer resultado visible de una pretemporada defectuosa.

River llegó a aquel encuentro con el mercado incompleto, Sebastián Driussi lesionado, Montiel y Otamendi todavía vinculados a la definición del Mundial y Quintero pendiente de reincorporarse. Rafael Santos Borré y Lucas Beltrán tampoco contaban con el ritmo competitivo ideal.

Además, el equipo solamente había disputado un amistoso formal contra Flamengo. Esa fue prácticamente toda la preparación futbolística de un plantel que había sido modificado profundamente.

Coudet reconoció después del 3-1 que River había protagonizado un “papelón”. Su autocrítica fue necesaria, porque ninguna planificación justifica perder de esa manera. Pero también admitió que necesitaba completar el mercado y que varios futbolistas habían tenido que ser utilizados antes de alcanzar su mejor condición.

River no preparó aquel partido con un equipo consolidado. Lo afrontó con una formación provisional, jugadores sin ritmo y una estructura que todavía esperaba refuerzos. Aldosivi aprovechó el desorden y eliminó al equipo de una competición que ofrecía un título y una vía de clasificación internacional.

Aquella derrota no fue un accidente aislado. Fue la factura inmediata de la planificación dirigencial.

Cada derrota convirtió el siguiente partido en una obligación

La eliminación de la Copa Argentina colocó a River en estado de emergencia antes de comenzar realmente el Clausura. Después llegaron las derrotas ante Barracas Central, Gimnasia de La Plata, Rosario Central y Tigre.

El equipo quedó último, sin puntos y sin goles después de cuatro fechas. El Monumental expresó su descontento y la continuidad de Coudet comenzó a discutirse. Cada encuentro dejó de ser parte de un proceso y pasó a convertirse en una prueba definitiva.

River debía ganar para cortar la racha, respaldar al entrenador, justificar el mercado, recuperar al público y demostrar que la renovación no había sido otro error institucional. Demasiadas obligaciones para un equipo que todavía estaba aprendiendo a jugar junto.

La victoria ante Argentinos permitió respirar, pero no eliminó las consecuencias. Posteriormente llegó el empate sin goles contra Independiente Santa Fe en Bogotá y el 2-2 ante Vélez, partido en el que River desperdició una ventaja de dos goles.

Contra Vélez volvió a observarse un equipo capaz de jugar con intensidad durante una parte del encuentro, pero incapaz de sostenerla. Cuando disminuyó la presión, el mediocampo perdió control, la defensa quedó expuesta y apareció nuevamente el miedo a equivocarse.

Ese desgaste no es únicamente físico. También es mental. River compite sabiendo que cualquier error puede convertirse en otra crisis y que cada resultado negativo amenaza con derrumbar lo poco que ha conseguido reconstruir.

Independiente Santa Fe dejó de ser una serie más

El empate conseguido en Bogotá es objetivamente un buen resultado. River definirá en el Monumental una serie igualada y contará con el respaldo de su público. En condiciones normales, sería una eliminatoria abierta y favorable para el equipo argentino.

Pero el contexto modificó completamente su importancia.

River ya está eliminado de la Copa Argentina, ocupa los últimos lugares de su grupo en el Clausura y necesita avanzar en la Copa Sudamericana para mantener vivo un objetivo importante durante el semestre. Por eso, el encuentro de este miércoles a las 21:30 de Argentina y 19:30 de Colombia dejó de ser simplemente la revancha de los octavos de final.

Se transformó en una evaluación del proyecto completo.

Una eliminación colocaría nuevamente a Coudet al borde de la salida, aumentaría el rechazo del Monumental y dejaría a la dirigencia frente a las consecuencias de su propia reconstrucción. El equipo está obligado a ganar no solamente para avanzar, sino para evitar que todo lo ocurrido desde junio termine convirtiéndose en un fracaso irreversible.

Esa presión también representa una ventaja para Independiente Santa Fe. El conjunto colombiano puede disputar el partido con paciencia, sabiendo que cada minuto sin goles incrementará la ansiedad de River y de sus hinchas.

La dirigencia debe asumir el costo de sus decisiones

Coudet tiene responsabilidad en la gestión de los partidos, en los cambios tardíos y en la dificultad para adaptar su sistema a los futbolistas disponibles. Los jugadores también deben responder por errores individuales que terminaron costando puntos.

Pero reducir toda la crisis al entrenador sería esconder su verdadero origen.

La dirigencia decidió apartar a 14 jugadores, inició una pretemporada con solamente 15 futbolistas de campo y no consiguió que las incorporaciones estuvieran disponibles al mismo tiempo. Primero desarmó el plantel y después intentó construir otro mientras River ya disputaba partidos oficiales.

El resultado fue un equipo sin preparación conjunta, obligado a recuperar confianza durante la competencia y presionado para ganar en todos los frentes. River no llegó fundido a este momento por casualidad. La propia institución creó una situación en la que cada partido debe jugarse como una final.

El miércoles puede avanzar y encontrar algo de tranquilidad. Pero incluso una clasificación no borrará el error original. La dirigencia destruyó demasiado rápido el proyecto que había llegado hasta la final del Apertura y ahora exige que Coudet y sus jugadores lo reconstruyan sin tiempo, bajo presión y con el semestre en juego.

1 pensamiento sobre “La mala planificación de River destruyó el proyecto

Deja una respuesta

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *