Argentina sin Messi tiene equipo para seguir ganando, pero deberá aprender a ser otra selección

El retiro de Lionel Messi obliga a Argentina a construir una nueva identidad. Hay una base campeona, jóvenes de enorme potencial y talento para seguir compitiendo, pero ninguna fórmula permitirá reemplazar directamente al 10.

Messi despedida

Argentina comienza una etapa inédita después del retiro de Lionel Messi y deberá redistribuir liderazgo, creación y gol para mantener su lugar entre las mejores selecciones del mundo.

Lionel Messi se fue. Y por primera vez desde 2005, Argentina tendrá que construir un proyecto de Selección sabiendo que el regreso del 10 ya no es una posibilidad.

No habrá descanso, lesión o decisión de administrar minutos. No estará en la próxima convocatoria. No aparecerá para resolver un partido cerrado. No habrá que preguntarse dónde ubicarlo ni cómo rodearlo.

Eso cambia muchas cosas.

Pero sería un error interpretar el retiro de Messi como el comienzo de una reconstrucción desde cero. Argentina no quedó vacía. Tampoco quedó huérfana de talento. Acaba de disputar la final del Mundial 2026 y conserva futbolistas de primer nivel en prácticamente todas las líneas.

El problema es diferente.

Argentina tiene jugadores para continuar entre las mejores selecciones del mundo. Lo que ahora debe descubrir es cómo volver a ser Argentina sin que Messi sea el centro alrededor del cual gira todo.

Y eso puede resultar bastante más complicado que simplemente reemplazar un nombre en la alineación.

Argentina no necesita encontrar al nuevo Messi

Ese debería ser el primer punto de partida.

Buscar al “nuevo Messi” sería probablemente la peor manera de comenzar la transición.

No existe.

Durante más de dos décadas Argentina contó con un futbolista capaz de asumir simultáneamente funciones que normalmente se reparten entre varios jugadores: creación, último pase, conducción, pelota parada, gol, capacidad para romper un partido y liderazgo futbolístico.

Todavía a los 39 años quedó demostrado en el Mundial 2026.

Messi marcó ocho goles y entregó cuatro asistencias durante el campeonato. Argentina llegó nuevamente a una final mundialista con su capitán todavía ejerciendo una influencia ofensiva enorme.

Eso es lo que desaparece ahora.

No solamente se retira un delantero que hacía goles.

Se retira el jugador al que Argentina podía entregarle el balón cuando el partido no encontraba respuestas.

Por eso la solución no puede ser colocar a otro futbolista con la camiseta 10 y pedirle que haga lo mismo.

Las responsabilidades que estaban concentradas en Messi tendrán que distribuirse.

Y ahí empieza la verdadera Argentina post Messi.

Hay una señal que invita al optimismo

Argentina ya demostró que puede jugar grandes partidos sin Messi.

Uno de los mejores ejemplos ocurrió en marzo de 2025.

Sin su capitán disponible por lesión, Argentina primero derrotó 1-0 a Uruguay en Montevideo y después protagonizó uno de sus mejores partidos de las Eliminatorias al golear 4-1 a Brasil.

Los goles contra Brasil fueron de Julián Álvarez, Enzo Fernández, Alexis Mac Allister y Giuliano Simeone.

El dato importa porque aquella noche Argentina no sobrevivió a la ausencia de Messi.

Jugó como un equipo que no necesitaba esperar a Messi para funcionar.

Hubo presión, circulación, movilidad, asociaciones y llegada desde diferentes sectores.

El segundo gol llegó después de una secuencia colectiva de 33 pases.

Ese partido debería ser una referencia para lo que viene.

No porque Argentina vaya a jugar siempre de esa manera ni porque una goleada garantice el éxito del próximo ciclo, sino porque demostró algo fundamental: el sistema construido durante la era Scaloni desarrolló vida propia.

Messi era su futbolista más importante.

Pero Argentina ya no era solamente Messi.

La columna vertebral sigue siendo de primer nivel

La mayor ventaja que tiene Argentina en esta transición es que buena parte de su núcleo competitivo todavía puede continuar.

Cristian Romero y Lisandro Martínez pueden sostener la defensa.

Enzo Fernández y Alexis Mac Allister están en plena madurez futbolística y tienen condiciones para asumir todavía mayor responsabilidad en la construcción del juego.

Julián Álvarez llega al nuevo ciclo como uno de los delanteros fundamentales.

Lautaro Martínez sigue ofreciendo gol y competencia en ataque.

Emiliano Martínez continúa siendo una referencia en el arco, aunque por edad será necesario empezar también a observar progresivamente su sucesión pensando en 2030.

Es decir, Argentina no necesita fabricar inmediatamente una nueva estructura.

Ya tiene una.

Y posiblemente ahí esté la mayor diferencia respecto a otras selecciones que sufrieron enormemente después de perder a una generación histórica.

Messi se retira, pero detrás queda una selección que fue campeona de América, campeona del mundo, volvió a ganar la Copa América y llegó nuevamente a una final mundialista.

Los jugadores que continúan no están empezando una historia.

Ya saben lo que significa ganar.

Julián, Enzo y Mac Allister deberán asumir mucho más

Hay tres nombres que pueden resultar especialmente importantes.

Julián Álvarez tendrá que aumentar su peso ofensivo.

Durante años Argentina pudo convivir con partidos en los que Messi resolvía una acción individual, encontraba un pase que nadie más veía o aparecía con un gol fuera del libreto.

Esa garantía desapareció.

Julián deberá convertirse cada vez más en uno de los futbolistas sobre los que recaiga la responsabilidad de decidir partidos importantes.

Enzo Fernández y Alexis Mac Allister enfrentan un desafío parecido desde el mediocampo.

Argentina necesitará que ambos participen todavía más en la generación ofensiva.

No significa convertirlos en enganches.

Significa que el equipo tendrá que encontrar más soluciones colectivas a través de ellos.

Enzo tiene capacidad para romper líneas con pase y conducción.

Mac Allister entiende los espacios, puede llegar al área y tiene suficiente calidad técnica para participar en diferentes alturas del campo.

Sin Messi, probablemente Argentina necesite que el mediocampo produzca más goles, más último pase y más desequilibrio.

La goleada frente a Brasil sin Messi dejó precisamente una fotografía interesante: marcaron Julián, Enzo, Mac Allister y Giuliano.

Cuatro futbolistas diferentes.

Ese reparto puede convertirse en una necesidad permanente.

Nico Paz puede convertirse en una pieza fundamental

Entre los jugadores que ya estuvieron en el Mundial 2026, Nico Paz probablemente sea uno de los nombres que más expectativa genera pensando en la nueva etapa.

Tiene creatividad, capacidad para jugar entre líneas y características diferentes a buena parte de los centrocampistas argentinos.

Pero también aquí sería injusto cometer el error de convertirlo inmediatamente en “el heredero de Messi”.

Nico Paz debe convertirse en la mejor versión de Nico Paz.

Nada más.

Thiago Almada representa otra alternativa creativa que ya conoce perfectamente el funcionamiento de la Selección.

Valentín Barco aporta otra clase de recursos.

Giuliano Simeone puede ofrecer intensidad, recorrido y agresividad.

La ventaja para Argentina es que varios integrantes del recambio ya estuvieron dentro del vestuario durante el Mundial.

La transición no empieza con desconocidos.

Ya comenzó antes del retiro de Messi.

Mastantuono, Garnacho, Soulé y Echeverri esperan detrás

Y después aparece una segunda línea todavía más joven.

Franco Mastantuono, Alejandro Garnacho, Matías Soulé y Claudio Echeverri estuvieron incluidos en la prelista argentina para el Mundial 2026, aunque finalmente quedaron fuera de los 26.

Eso también dice bastante sobre la cantidad de talento disponible.

Mastantuono ya debutó oficialmente con la Selección Mayor siendo adolescente y parece destinado a ocupar un espacio mucho mayor durante el próximo ciclo.

Garnacho ofrece algo que Argentina puede necesitar especialmente sin Messi: desequilibrio individual desde las bandas.

Soulé tiene capacidad creativa, regate y producción ofensiva.

Echeverri continúa representando una apuesta de enorme potencial.

Pero ninguno debería recibir un lugar simplemente porque Messi se retiró.

La Selección que construyó Scaloni tuvo éxito precisamente porque el nombre nunca estuvo por encima del funcionamiento colectivo.

El próximo ciclo debe mantener esa lógica.

El espacio que deja Messi abre oportunidades. No entrega puestos.

Argentina puede convertirse en un equipo más físico y agresivo

Aquí aparece una paradoja interesante.

Perder al mejor jugador de la historia argentina evidentemente debilita al equipo.

Pero al mismo tiempo puede liberar algunas posibilidades tácticas.

En los últimos años de Messi, Argentina lógicamente adaptó parte de su funcionamiento para maximizar sus virtudes y compensar aquello que, por edad, ya no podía realizar con la misma intensidad.

Era una decisión completamente razonable.

Cuando tienes a Messi, construyes alrededor de Messi.

Ahora esa obligación desaparece.

Argentina puede avanzar hacia un equipo con mayor presión colectiva, más recorridos, mayor agresividad sin balón y una distribución más uniforme de los esfuerzos defensivos.

También podría ganar amplitud y velocidad si jugadores de banda como Garnacho, Giuliano u otros futbolistas del próximo ciclo adquieren protagonismo.

No significa necesariamente que Argentina será mejor.

Significa que tendrá que ser diferente.

Y esa diferencia no debería verse como una traición al ciclo anterior.

Debería ser su evolución natural.

El problema más difícil será cuando el partido se rompa

El verdadero vacío probablemente aparezca en los partidos grandes.

Cuando quedan diez minutos.

Cuando el rival se encierra.

Cuando Argentina juega mal.

Cuando el plan táctico deja de funcionar.

Cuando hace falta algo que no estaba previsto.

Durante veinte años siempre existía una respuesta sencilla:

dársela a Messi.

Esa posibilidad desapareció.

Ese tipo de futbolistas modifica la lógica del fútbol porque permiten ganar incluso cuando el equipo no encuentra el camino colectivo.

Argentina deberá acostumbrarse a que ya no existe esa red de seguridad.

Habrá partidos que antes resolvía una genialidad y ahora exigirán paciencia, variantes desde el banco, movimientos colectivos o la aparición de diferentes jugadores.

Ese posiblemente sea el aprendizaje más duro.

No aprender a jugar sin Messi.

Aprender a resolver sin Messi.

También habrá que reemplazar al capitán y al líder

Existe además una ausencia que ninguna pizarra puede solucionar.

Messi era el capitán.

Era la máxima referencia del vestuario.

Y durante la última parte de su carrera terminó construyendo una relación con sus compañeros completamente diferente a la de sus primeros años en la Selección.

Muchos de los futbolistas que hoy integran Argentina crecieron viendo jugar a Messi.

Después fueron sus compañeros.

Finalmente fueron campeones junto a él.

Ahora tendrán que ocupar su espacio.

Emiliano Martínez, Cristian Romero, Rodrigo De Paul, Lautaro Martínez y otros integrantes experimentados del ciclo tendrán responsabilidades importantes en esa transición.

Pero pensando a largo plazo, Romero parece uno de los futbolistas con capacidad para transformarse en una referencia central de la nueva etapa.

Argentina necesitará construir nuevos liderazgos sin intentar copiar el anterior.

Porque el liderazgo de Messi tampoco puede reemplazarse de manera artificial.

Y no solamente se está terminando la era Messi

Este es probablemente el punto más importante de todos.

Argentina no está enfrentando únicamente la salida de Messi.

Parte de la generación campeona del mundo también entra inevitablemente en su tramo final.

Nicolás Otamendi, Nicolás Tagliafico, Rodrigo De Paul, Leandro Paredes y otros futbolistas que fueron fundamentales durante el ciclo tendrán diferentes posibilidades de llegar hasta 2030.

Algunos continuarán.

Otros probablemente irán dejando espacio.

Por eso hablar solamente del reemplazo de Messi simplifica demasiado el problema.

Argentina está comenzando una renovación generacional.

La ventaja es que no tiene que realizarla de golpe.

Romero, Lisandro Martínez, Enzo Fernández, Mac Allister, Julián Álvarez y otros futbolistas permiten construir un puente entre los campeones del mundo y la generación que viene detrás.

Ese puente será fundamental.

El futuro de Scaloni ahora es todavía más importante

Y existe una pregunta que puede condicionar absolutamente todo lo anterior.

¿Qué hará Lionel Scaloni?

Su contrato termina en diciembre de 2026.

Después de perder la final contra España, Scaloni reconoció que necesita pensar si posee la energía necesaria para construir otro grupo y abrir otro ciclo.

La AFA quiere que continúe.

Claudio Tapia fue incluso contundente al señalar que Scaloni es su plan A, B y C.

La decisión adquiere ahora una dimensión todavía mayor.

Porque una cosa es comenzar la etapa post Messi conservando al entrenador, su cuerpo técnico, sus métodos, su estructura y su conocimiento de los jóvenes.

Otra muy diferente sería perder simultáneamente al jugador que definió una era y al entrenador que construyó el equipo campeón.

Messi y Scaloni saliendo prácticamente al mismo tiempo significaría una ruptura mucho más profunda.

Por eso, antes incluso de discutir quién utilizará la camiseta 10, Argentina necesita resolver quién dirigirá la transición.

Si Scaloni continúa, el cambio puede ser progresivo.

Si se marcha, comenzará realmente una nueva era en todos los sentidos.

La Copa América 2028 será el primer gran examen

El Mundial 2030 todavía queda lejos.

Antes llegará la Copa América 2028.

Ese torneo debería mostrar hasta qué punto Argentina consiguió reconstruir su identidad.

Para entonces los jóvenes que hoy representan promesas deberán haber dejado de serlo.

Nico Paz tendrá que demostrar si puede convertirse en una referencia.

Mastantuono deberá confirmar todo aquello que promete.

Garnacho, Soulé, Echeverri y otros deberán ganarse definitivamente un lugar.

Julián, Enzo, Mac Allister, Romero y Lisandro tendrán que asumir que ya no son los jóvenes que acompañan a los referentes.

Ellos serán los referentes.

Ese cambio de jerarquías dentro del vestuario será tan importante como cualquier modificación táctica.

Argentina seguirá siendo candidata, pero ya no tendrá a Messi para corregir sus errores

Argentina tiene razones suficientes para mirar el futuro con optimismo.

Existe una estructura competitiva.

Hay campeones del mundo todavía en edad de sostener al equipo.

Hay delanteros de nivel internacional.

Hay mediocampistas capaces de controlar partidos.

Hay centrales de primer nivel.

Y detrás aparece una generación con Nico Paz, Mastantuono, Garnacho, Soulé, Echeverri, Barco y otros futbolistas que pueden elevar todavía más la competencia interna.

Por talento, Argentina puede continuar perteneciendo a la élite.

Pero sería ingenuo minimizar lo que acaba de perder.

Messi marcó ocho goles y entregó cuatro asistencias en su último Mundial.

No era un homenaje viviente dentro del plantel.

Seguía siendo decisivo.

Ese nivel de producción no desaparece sin consecuencias.

Habrá partidos peores.

Habrá momentos en los que Argentina extrañará desesperadamente aquella zurda.

Y probablemente durante algún tiempo la comparación con Messi acompañe a cualquier futbolista creativo que aparezca.

Argentina deberá evitar esa trampa.

Porque la reconstrucción empezará realmente cuando deje de preguntarse quién será el próximo Messi.

No habrá otro.

La misión es construir una selección que ya no necesite que exista uno.

Argentina tiene talento suficiente para hacerlo.

Ahora deberá demostrar que la era más exitosa de su historia reciente dejó algo todavía más importante que los títulos: un equipo capaz de sobrevivir a la despedida del futbolista alrededor del cual se construyó durante más de veinte años.

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