Paraguay venció a Turquía y sobrevivió con diez en una noche de carácter mundialista
Paraguay venció a Turquía 1-0 en el Mundial 2026 con gol de Matías Galarza, una polémica expulsión de Miguel Almirón y una defensa heroica ante el asedio turco.
Paraguay venció a Turquía 1-0 y firmó una de esas victorias que explican por qué el Mundial también se juega con carácter, sufrimiento y resistencia. La Albirroja golpeó muy temprano con un gol de Matías Galarza, perdió a Miguel Almirón por expulsión antes del descanso y pasó casi todo el segundo tiempo defendiendo una ventaja mínima ante una Turquía que atacó mucho, pero falló demasiado.
El triunfo tiene un peso enorme para Paraguay. No solo porque necesitaba ganar después del duro golpe sufrido ante Estados Unidos, sino porque lo hizo en un partido límite, con el marcador a favor desde el inicio y con la obligación de resistir cuando el trámite se le puso cuesta arriba. Fue una victoria más emocional que estética, más de supervivencia que de brillo, pero profundamente mundialista.
Paraguay golpeó primero con Matías Galarza
El partido cambió casi desde el vestuario. Matías Galarza apareció en el arranque y marcó el 1-0 con un remate que desacomodó por completo el plan de Turquía. Ese gol temprano le permitió a Paraguay jugar desde una ventaja que, con el paso de los minutos, se transformó en una prueba de resistencia.
Galarza fue el primer gran nombre propio de la noche. Su gol no solo abrió el marcador: condicionó el partido. Turquía quedó obligada a adelantar líneas, tomar riesgos y asumir el peso del ataque. Paraguay, en cambio, encontró un escenario ideal para competir desde el orden, el sacrificio y la concentración defensiva.
Julio Enciso también tuvo un papel importante en esa acción inicial. Su participación en la jugada del gol confirmó que, cuando Paraguay pudo salir con cierta claridad, tenía argumentos para lastimar. Enciso fue uno de los pocos futbolistas capaces de darle oxígeno al equipo en los momentos en los que la Albirroja necesitaba respirar con la pelota.
La expulsión de Miguel Almirón cambió el partido
La gran polémica llegó antes del descanso con la expulsión de Miguel Almirón. El futbolista paraguayo vio la tarjeta roja tras taparse la boca durante un cruce con Mert Müldür, en una acción revisada por el VAR y sancionada bajo el nuevo criterio que busca evitar insultos o expresiones discriminatorias ocultas durante discusiones en el campo.
Desde lo reglamentario, la expulsión puede entenderse. Desde el espíritu del juego, queda una sensación más discutible. Fue una roja dura, especialmente porque no se trató de una entrada violenta ni de una agresión física. Sin embargo, Almirón también cometió un error grave: en un Mundial, con el VAR encima y una norma nueva en aplicación, no podía exponerse de esa manera.
Para Paraguay, la roja fue un punto de quiebre. El partido dejó de ser una disputa normal y se convirtió en una defensa de emergencia. La Albirroja pasó de competir a sobrevivir. Desde ese momento, el equipo de Gustavo Alfaro entendió que ya no se trataba de jugar bonito, sino de sostener el resultado como si fuera una final.
Turquía falló demasiado en el segundo tiempo
Turquía tuvo el segundo tiempo servido para empatar, pero no supo aprovecharlo. Con un hombre más, más posesión y Paraguay cada vez más cerca de su área, el equipo turco acumuló ataques, centros, remates y córners. Sin embargo, le faltó precisión, pausa y jerarquía en los metros finales.
El problema de Turquía no fue la falta de intención. Atacó constantemente. El problema fue la calidad de sus decisiones. Muchas jugadas terminaron en centros previsibles, remates apurados o ataques sin la claridad necesaria para romper una defensa paraguaya cada vez más hundida, pero también más convencida.
En un Mundial, cuando juegas contra diez y vas perdiendo, no basta con dominar el campo. Hay que transformar ese dominio en ocasiones claras y goles. Turquía no lo hizo. Falló demasiado, eligió mal y terminó chocando una y otra vez contra una defensa paraguaya que aceptó sufrir, pero nunca se quebró.
Orlando Gill y la defensa sostuvieron a Paraguay
Si Galarza fue el nombre del gol, Orlando Gill fue uno de los nombres de la resistencia. El arquero paraguayo apareció en momentos clave y sostuvo el resultado cuando Turquía empujó con más fuerza. Su actuación fue decisiva para que el 1-0 no se derrumbara en el tramo más crítico del partido.
También hay que destacar el trabajo del bloque defensivo. Gustavo Gómez, Omar Alderete y Júnior Alonso jugaron un partido de máxima exigencia. No fue una noche para lucirse con la pelota, sino para ganar duelos, rechazar centros, cerrar espacios y mantener la concentración hasta el último minuto.
Paraguay defendió con el cuchillo entre los dientes. Cada despeje fue celebrado como una jugada de ataque. Cada cobertura tuvo valor de gol. Cada minuto resistido aumentó la tensión y también el mérito de una victoria que se construyó desde la disciplina colectiva.
Gustavo Alfaro recuperó el alma de Paraguay
La mano de Gustavo Alfaro también debe aparecer en el análisis. Después de la derrota ante Estados Unidos, Paraguay necesitaba una reacción inmediata. Y la tuvo. No fue una respuesta brillante desde lo futbolístico, pero sí contundente desde lo anímico y competitivo.
Alfaro armó un equipo que entendió el momento. Paraguay no se desesperó tras la expulsión, no perdió la cabeza y no se desordenó ante el asedio turco. El plan cambió por obligación, pero el equipo se adaptó. Eso también habla del técnico.
La Albirroja mostró una virtud que pesa mucho en torneos cortos: saber sufrir. En una Copa del Mundo, no todos los triunfos llegan desde el dominio. Algunos nacen desde la supervivencia. Este fue uno de ellos.
Turquía queda eliminada y Paraguay sigue con vida
La derrota dejó a Turquía en una situación devastadora. El equipo turco se marchó con la sensación de haber tenido suficiente tiempo y suficientes oportunidades para cambiar el partido, pero sin la eficacia necesaria para hacerlo. Su eliminación es dura, pero también tiene una explicación clara: en dos partidos, no encontró respuestas cuando más las necesitó.
Paraguay, en cambio, sigue vivo. El triunfo no garantiza nada, pero cambia todo. Le devuelve confianza, lo mete nuevamente en la pelea y le permite llegar a la última fecha contra Australia con posibilidades reales de clasificación.
La victoria ante Turquía puede ser un punto de inflexión. No porque Paraguay haya jugado un partido perfecto, sino porque demostró algo igual de importante: carácter competitivo. En el Mundial, eso vale muchísimo.
Conclusión: una victoria paraguaya con alma de Mundial
Paraguay venció a Turquía en un partido que tuvo gol tempranero, polémica arbitral, sufrimiento extremo y una defensa heroica. Matías Galarza marcó el tanto decisivo, Miguel Almirón quedó en el centro de la controversia por su expulsión y Turquía pagó carísima su falta de contundencia en el segundo tiempo.
Fue una noche de resistencia para Paraguay. Una victoria de las que no se explican solo con estadísticas, sino con carácter. La Albirroja no ganó por dominar el partido, ganó por entenderlo. Y en una Copa del Mundo, muchas veces esa diferencia vale una clasificación.
