Julián Álvarez rescata a Argentina ante Suiza y la impulsa a semifinales del Mundial

Argentina venció 3-1 a Suiza en el alargue, con Julián Álvarez como salvador, y enfrentará a Inglaterra en semifinales.

Julian Alvarez suiza

Argentina venció a Suiza por 3-1 después del alargue y aseguró su lugar entre las cuatro mejores selecciones del Mundial 2026. La Albiceleste volvió a caminar sobre el límite, pero encontró en Julián Álvarez al futbolista capaz de romper un partido bloqueado cuando la definición por penales comenzaba a parecer inevitable.

Alexis Mac Allister adelantó al conjunto dirigido por Lionel Scaloni, Dan Ndoye igualó para los suizos y el encuentro permaneció empatado hasta los últimos minutos de la prórroga. En el 112, Álvarez marcó el tanto que liberó a Argentina y Lautaro Martínez completó el 3-1 definitivo.

El triunfo coloca al vigente campeón mundial en las semifinales, donde enfrentará a Inglaterra el miércoles 15 de julio. Argentina conserva así la posibilidad de convertirse en la primera selección que defiende exitosamente el título desde Brasil en 1962.

Argentina venció a Suiza, pero volvió a sufrir más de lo previsto

El marcador final puede transmitir una superioridad que no existió durante buena parte del encuentro. Argentina tuvo más iniciativa, controló extensos pasajes y jugó con ventaja numérica desde el segundo tiempo, pero no consiguió transformar ese dominio en una resolución cómoda.

El equipo de Scaloni comenzó mejor y encontró la apertura mediante Mac Allister, quien conectó de cabeza un córner ejecutado por Messi. La asistencia fue la décima del capitán argentino en la historia de los Mundiales, aunque esa intervención no anticipó una actuación dominante del número 10.

Suiza no se desorganizó después del golpe. Mantuvo las líneas juntas, cerró los espacios interiores y esperó el momento adecuado para atacar las zonas que Argentina dejaba disponibles. Esa resistencia tuvo recompensa en el segundo tiempo, cuando Ndoye consiguió el empate en el minuto 67.

El 1-1 alteró el escenario. Argentina perdió claridad, comenzó a circular el balón con menor velocidad y se encontró ante un adversario que crecía en confianza. La Albiceleste tenía la posesión, pero Suiza conseguía que esa posesión se desarrollara lejos de las zonas verdaderamente peligrosas.

La expulsión de Embolo cambió el partido

Uno de los momentos centrales del encuentro se produjo pocos minutos después del empate. Breel Embolo fue expulsado tras una intervención del VAR relacionada con una simulación, una decisión que generó protestas en el conjunto suizo y condicionó por completo el tramo final.

Con diez jugadores, Suiza abandonó prácticamente cualquier intención de presionar arriba y concentró sus esfuerzos en proteger el área de Gregor Kobel. Argentina aumentó el volumen ofensivo, pero continuó sin encontrar caminos limpios.

El equipo de Scaloni atacó con insistencia, acumuló futbolistas cerca del área y obligó a los suizos a defender cada vez más atrás. Sin embargo, la superioridad numérica no se tradujo inmediatamente en superioridad futbolística.

La selección argentina volvió a evidenciar una de las principales dificultades que ha mostrado durante la fase decisiva del torneo: cuando el rival se repliega y reduce los espacios, el equipo puede volverse previsible. La circulación lateral aumentó, pero faltaron cambios de ritmo, movimientos entre centrales y remates capaces de modificar la estructura defensiva de Suiza.

El empate sobrevivió al tiempo reglamentario y obligó a disputar el alargue. Para Argentina, que había quedado cerca de la eliminación ante Egipto en la ronda anterior, se trataba de otro examen emocional y físico dentro de un recorrido mucho más exigente de lo que reflejaba su condición de favorito.

Julián Álvarez apareció como el gran salvador de Argentina

Cuando el partido se encaminaba hacia los penales, Julián Álvarez asumió el protagonismo. El delantero recibió, encontró el espacio necesario y ejecutó un remate potente que terminó en el ángulo de Kobel.

El gol del minuto 112 fue mucho más que el 2-1. Representó la recompensa para el futbolista más incisivo del ataque argentino y confirmó su capacidad para intervenir en los momentos de máxima presión.

Álvarez no necesitó participar constantemente para convertirse en la figura. Su principal virtud estuvo en mantenerse activo, atacar los espacios y conservar la determinación cuando el desarrollo comenzaba a desgastar a sus compañeros.

En una selección acostumbrada a mirar hacia Messi en los instantes críticos, la aparición del atacante también tuvo un significado colectivo. Argentina encontró una respuesta decisiva fuera de su capitán, algo especialmente importante en un torneo extenso y físicamente demandante.

La acción del delantero destruyó finalmente la resistencia suiza. Con el rival obligado a adelantar metros, aparecieron espacios que Argentina no había tenido durante el resto del encuentro. Lautaro Martínez aprovechó uno de ellos y marcó el tercer gol para cerrar definitivamente la clasificación.

Messi estuvo lejos de su mejor nivel

Lionel Messi no completó una de sus actuaciones más influyentes. Participó en la jugada del primer gol mediante el córner que terminó en el cabezazo de Mac Allister, pero le costó desequilibrar en el juego abierto.

Suiza redujo los espacios alrededor del capitán, evitó que recibiera con comodidad cerca del área y lo obligó a intervenir en posiciones más retrasadas. Messi intentó asociarse con Álvarez, Mac Allister y Enzo Fernández, aunque no encontró continuidad ni precisión en los metros finales.

La actuación contrastó con su protagonismo ante Egipto, cuando había sido determinante en la remontada que permitió a Argentina superar los octavos de final. Frente a Suiza, el equipo no pudo depender de otra aparición salvadora de su máxima figura.

Esa circunstancia puede interpretarse desde dos perspectivas. Por un lado, confirma que Messi, a sus 39 años y en su sexta Copa del Mundo, no podrá dominar cada partido con la misma intensidad. Por otro, demuestra que Argentina conserva recursos para avanzar incluso cuando su capitán no alcanza su mejor versión.

El desafío para Scaloni será encontrar un equilibrio. Messi sigue siendo el centro creativo y emocional de la selección, pero el vigente campeón necesita repartir responsabilidades entre Álvarez, Lautaro, Mac Allister, Enzo Fernández y el resto de sus futbolistas ofensivos.

Una clasificación que expone fortalezas y advertencias

Argentina está en semifinales y continúa defendiendo su corona, pero su recorrido en las rondas de eliminación directa ha dejado varias señales de advertencia.

Ante Egipto estuvo al borde de quedar fuera después de comenzar perdiendo por dos goles. Contra Suiza necesitó del alargue pese a jugar con superioridad numérica durante un tramo considerable del partido. En ambos encuentros demostró carácter, profundidad de plantilla y capacidad para competir bajo presión, pero también concedió oportunidades y atravesó largos periodos de desconexión.

La principal fortaleza continúa siendo la mentalidad competitiva. Argentina puede jugar mal, perder el control o verse obligada a cambiar su plan, pero rara vez abandona el partido. El equipo mantiene la confianza, interpreta los momentos y cuenta con futbolistas capaces de resolver mediante una acción individual.

La principal preocupación aparece en la dificultad para controlar los partidos después de ponerse en ventaja. Frente a Suiza, el gol inicial no se convirtió en una plataforma para dominar, sino en el comienzo de un encuentro cada vez más incómodo.

Scaloni deberá corregir ese aspecto antes de enfrentar a Inglaterra, una selección con mayor potencia ofensiva, velocidad en las transiciones y capacidad para castigar las pérdidas en el mediocampo.

Inglaterra, el próximo obstáculo en el camino argentino

La semifinal entre Inglaterra y Argentina añade una nueva dimensión histórica y competitiva al Mundial 2026. Los ingleses avanzaron después de imponerse a Noruega en los cuartos de final y llegarán con un día adicional de recuperación.

Para Argentina, el encuentro exigirá una actuación más completa. Inglaterra ofrecerá menos margen de error que Suiza y tendrá herramientas para explotar los momentos en los que el equipo de Scaloni pierda orden o reduzca la intensidad.

La Albiceleste llega fortalecida por la clasificación y por la consolidación de Julián Álvarez como una figura determinante. También llega con interrogantes relacionados con el rendimiento de Messi, el desgaste acumulado y la fragilidad mostrada en determinados tramos de los últimos encuentros.

Argentina volvió a sobrevivir. Lo hizo sin dominar, sin una gran actuación de su capitán y ante un rival que resistió hasta el límite. Pero cuando el partido pedía un salvador, apareció Julián Álvarez.

La selección campeona ya está en semifinales. Ahora necesitará algo más que resistencia y carácter: ante Inglaterra, deberá convertir la supervivencia en autoridad.

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